el colesterol de la vida



estado: entretiempo 
virtud: observar
cambios: otoño, habitación 
fobias: incertidumbre, fugas, ansiedad 
no tengo: chaleco anti-balas, cuerpo perfecto, belleza narcisa

suena en el soundtrack de mi vida: Sui Géneris - Canción para mi muerte


dice la gente que recordar es vivir... yo no estoy muy segura de esto. vivir? normalmente te acuerdas de cosas muy muy malas, utópicas o cosas que por casualidad te pasaron. y por más que las recuerdes jamás vas a volver a tener ese orgasmo o caos mental que te ocasionaron en su día. en cambio recordar para mis un auto análisis que nuestro cerebro muy selectivamente añade en nuestro caótico disco duro mental ya sea para sacarnos una sonrisa, lágrimas, cara de culo... 

rascando en mi memoria 

Me acuerdo de su mirada… jamás he visto una mirada tan profunda, tan limpia, tan pura. Con tan solo mirar sus ojos sabía exactamente lo que sentía por mi. 

Me acuerdo de esa conversación que terminó en lágrimas y abrazos, aquél día en el aeropuerto, antes de partir. 
Me acuerdo de esa cena en su casa. Yo era una extraña y mi cuerpo un habitual. Me temblaba el alma pero aún así no podía dejar de mirarla. 
Me acuerdo de esas noches en vela, donde los minutos se hacían eternos y la cama cada vez más grande. No sabía muy bien lo que estaba sintiendo pero la soledad me comía por dentro.
Me acuerdo de ese sonido que daba inicio a la regata. La adrenalina se apoderaba de mi cuerpo, cada palada era una descarga de electricidad que cada vez se hacía más intensa. 
Me acuerdo de esos días de invierno donde el calor humano escasea y el sentimiento de extrañar se agudiza. 
Me acuerdo de verla ahí, inmóvil, indefensa, intentando sobrevivir… y yo sin poder hacer nada. Le cogí la mano y la empapé de lágrimas…
Me acuerdo de esas colas interminables donde te revisaban hasta el alma para poder entrar a un lugar apartado de la sociedad donde hay hambre de libertad. 
Me acuerdo de esa llamada. Después de muchos años volvíamos a hablar y fue como si el tiempo no hubiera pasado. 
Me acuerdo de esas tardes en las que salía a correr bajo la lluvia. No existían las preocupaciones y me aislaba del mundo por unos minutos. 

tengo tantas cosas en la cabeza que no sé ni qué día es hoy... me cuelgo en mi memoria y mi mente vuelva a universos escasos de física. 
ayer fue un día extraño, me ardía algo por dentro y empecé a descascarillar mi memoria de alcantarilla y salió esto. 


Me acuerdo de su mirada… jamás he visto una mirada tan profunda, tan limpia, tan pura.
Con tan solo mirar sus ojos sabía exactamente lo que sentía por mi. Era amor, preocupación, admiración, comprensión... Su mirada era parte de mi día a día. Todo empezaba por las mañanas, me esperaba en la cocina con un zumo de naranja. Ella se levantaba pronto para tenerlo listo para cuando yo saliera por la puerta y me decía “tómeselo todo, todo…”. Solo alguien como ella haría eso por mi.
En ocasiones el mal humor de las mañanas salía de mi boca con una frase vergonzosa y desagradecida: “¡Está ácido!” ¡¿Pero en qué carajo estaría pensando yo?! El ego y la rutina bloqueaban mi mente y ella pagaba los platos rotos. Mi día seguía y al volver a casa, me iba a mi habitación y en pocos minutos se habría la puerta muy despacito con una tierna y dulce voz en forma de pregunta: “¿Ya comió?” Y yo respondía: Si. Pero a ella mucho no le convencía mi afirmación y me decía: “Recuerde que a las personas que no comen se les atrofia el cerebro”. ¿Cómo podía hablarme ella de usted si prácticamente me triplicaba la edad? Solo ella…
Me tumbaba en la cama y se volvía a abrir la puerta con otra pregunta: “¿Cuándo me va a dar el dinero para ahorrar?”  Mañana le respondía. Se volvía a abrir la puerta y me decía: “Acuérdese que el único amigo del mañana es el “realito” que tienes en el bolsillo”. Y así se volvía a repetir todo día tras días. Hasta que una mañana me levanté y fui a la cocina, no había zumo, pero estaba ella sentada en la mesa de la cocina, no era ella… mire a mi madre de reojo y movió la cabeza y en eso momento supe que había llegado la hora… Desde entonces mis mañanas nunca fueron las mismas.
¡¿Cuanto daría por volver a escucharla?!

no ha sido casualidad, ayer fue el día en que llegaste a este mundo. me arde todo el cuerpo.


Nicole Jaramillo