enredos de libertad


observo: caras, calles, ojos, baldosas, luces, aglomeraciones, ruido, silencio escaso, mentiras, estereotipos
estado: desintegrada, ciclo de soledad intensional, perdiendo el juicio  
clima: luz, cielo despejado, sin aire, nubes resignadas 

suena en el soundtrack de mi vida: Aimee Mann - Save Me
cuarentena atrasada 

cuando hay un fin de semana largo parezco el target de las bacterias. 
el virus rápidamente se apoderó de mi, delegue mi cargo involuntariamente a él, la cama era el agujero, la habitación un rincón aislado de la casa y yo unos cuantos kilos de bacterias en expansión. después de mi segunda cita en la seguridad antisocial, finalmente el incompetente me receta algunos medicamentos. 13€ era el precio de mi salud, me pareció razonable, dudas, empecé a tomar el tratamiento, desconfianza, parecían estimuladores de dolor,  reviso la transcripción y los efectos secundarios se agudizaban en todo mi cuerpo, suspendo algunos medicamentos y así poco a poco me voy sintiendo mejor. he vuelvo a ser cómo antes. 
(3 meses de antibióticos por los cojones, eso no hay cuerpo que lo aguante). los tomé por 7 días y el sabor a metal en mi boca no cesa. acidez poca gracias al omeprazol.  




sensación de libertad

desenchufarme del caos. irme lejos. perderme. conocer. libertad. kilómetros. horas. el viento en mi rostro y entre los dedos. 
esta vez mi destino fue Valencia. una ciudad de muchos contrastes. personas cosmopolitamente amables, olor a mediterráneo, desayuno tumaca, sabor a paella y horchata + vitamina C. pateaba la ciudad de día y de noche, precios sin IVA, letreros trilingües, inflación comestible, clima perfecto. torres que vigilaban la ciudad en forma de tablero de ajedrez. creo que si hubiera sido guardiana de las torres, iba a ser el blanco perfecto por mi facilidad de aturdimiento al observar la ciudad desde arriba. todo menos Juana de arco, seguro ella no tenía esas vistas. 









IQ alto en distancia de seguridad

tengo la capacidad de situarme estratégicamente en el lugar exacto en el que la gente que está en ese espacio, adjudica como pasillo. Toda la noche es un desfile de insaciables. Haya donde vaya, siempre me pasa lo mismo, será mi expresión corporal que invita a pasar o es que respeto tanto la distancia de seguridad que es el único hueco no invadido que todo el mundo necesita para moverse de una baldosa a la otra. 
igual en el metro, los viajeros son incapaces de respetar los mono espacios. pisotones, empujones, invasión de contacto visual, hurtos y sus derivados. yo he optado por ponerle un candado a mi mochila amarilla, seguro me habéis visto alguna vez. ¿por qué? una vez un inadaptado social me robó audífonos, paracetamol, papeles varios… no sé para que cojones quería los papeles. 


Nicole Jaramillo