sin ganas de follar


panorama: nada claro
clima: esperando la carroza primavera
entre la razón y el inconsciente  

suena en el soundtrack de mi vida: Siskiyou - Twigs and Stones

hay días en los que me siento esperando en una cola de inmigraciones, rodeada de caras extrañas, chupando frío, entre risas y quejas. dicen que lo mucha cansa y lo poco aburre. 
con un dos vermut. 

olvidando voy, olvidando vengo

por las noches cuando me tumbo en la cama, después de horas distorsionando la realidad, hay un apagón y mi mente empieza a defecar los pensamientos reprimidos del día. es como, un vaso con contenido infinito equilibrado perfectamente justo antes de volcar. me atrapa el colchón, mi cuerpo se dejar caer, horizontal, punto muerto, clímax y la inercia hace estallar el caudal de pensamientos, contradicciones, decisiones fingidas, suposiciones anónimas, ideas etéreas… purifico mi mente y como resultado: conclusiones imprevistas atrapadas. en pocos minutos, desaparece todo, como si alguien pusiera un papel de cocina por encima, olvido inconsciente y todas las noches de vuelta a empezar.
de un tiempo a esta parte he adoptado involuntariamente omitir información inútil, momentos irrelevantes y hasta la capacidad exitosa que tenía de ubicarme. quizá es por mi falta de interés de mis días. de aquí nacen mis sobrenombres como: troncho, despiste, desastre y una serie de sinónimos afiliados. aunque lo haya preguntado más de 80 veces, para mi, siempre será una aventura ir de Tirso de Molina a Atocha o a Puerta de Toledo. 





El ahora un invento "occioriental"

Seguro que han oído hablar del rollo ZEN, carpe diem, budismo, yoga, meditación… ustedes dirán. Que sí, que en algunas ocasiones ayudan a muchas personas. Algunos están reinventándose, otros han descubierto su nueva vocación y a otros simplemente les "molan" las nuevas tendencias. Pero, ¡¿cómo adaptas un cultura basada en la práctica, a una cultura que vive de teorías e hipótesis?! ¿Cómo lo hacen? Pues muy fácil. Adaptando el sushi a una sociedad de comida chatarra; nueva receta: más queso-crema, menos pescado crudo. Llenando las ciudades de suplementos de alimentación "El dragón feliz", dictando clases de mandarín a domicilio, meditando en vez de rezar, vendiéndonos el yoga como una nueva forma de adelgazar, rosarios budistas como bisutería barata, salsa de soja para el wok, tallarines con delivery… mientras te acostumbras intentas vivir el ahora; llenas tu casa de gatos chinos con manitas giratorias para atraer la suerte, un Buda para frotarle la tripa y piensas en quitarte los zapatos antes de entrar. Nos quedamos con lo superficial de esa cultura, con las sobras, con lo comercial marketinero adaptado al consumo caníbal. 
Toda esta hipócrita revolución cultural silenciosa va más allá del consumo… pero nadie es capaz de verla. Hasta que no logremos entender en profundidad una cultura de miles y millones de años no lograremos integrarnos con la cultura oriental, ni comiendo fideos por las noches, de esos que siempre hay en casa por si nos da pereza cocinar. Y luego decimos que ellos son los extraños. Ser extraño es: ser paciente, valorar la vida, comer lo que tu cuerpo necesita, disfrutar del camino de la vida… ¡Claro! Para esta civilización suburbana, donde lo tenemos todo sin haberlo pagado, y donde encima cabalgamos ciegos-sordomudos destruyendo todo lo que se nos pone por delante y nadie es capaz de pararnos los pies. Y hablamos de libertad… una prostituta en huelga. 
Quizá con este periodo de vacas flacas empecemos a vivir el día a día, a conocer el valor de las cosas y entender de una puta vez que todos somos iguales.
¿Y tú? ¿Te sientes como un trotamundos cosmopolita culturizado víctima de la ignorancia hecha mentira? 


quise participar en un concurso de escritura, pero jamás envié mi relato. esto fue lo que salió. 


Antes de mear por las mañanas hago un twitt. Mi vejiga se ha acostumbrado a esperar su turno, mis dedos lo exigen, mis ojos han conseguido enfocar la visión distorsionada de cuando te despiertas, mi cerebro mezcla palabras que reflejan la cotidianidad por inercia en menos de 140 caracteres, contando los espacios. Desde entonces mi vida se ha convertido en un trending topic, todas mis comidas están fotografiadas acompañadas de una  #almohadilla. 

No me fijo en el color de las mañanas, las conversaciones del wassap son menos nocivas que el paisaje de smoke que hay en la ciudad. Un tren me lleva a mi destino, me encuentro con los mismos compañeros de rutina, ahorro tiempo, me engancho a la música, evito las conversaciones carentes de sentido de un ascensor, una tarjeta abre las puertas y paga mis cuentas, suena muy fácil hasta que llega fin de mes. No me aburro porque todas mis preguntas tienen respuestas, viajo a cualquier parte del mundo desde mi escritorio, tengo muchos amigos aunque la realidad no lo demuestre. El nuevo modo de socializar es dejar un comentario o un insensato me gusta. El contacto visual no es necesario, basta con encajonarte en un chat para cosas especificas o descargar una aplicación que te dices exactamente dónde hay alguien como tú a menos de 500 metros, gracias a todo esto el pánico escénico a desaparecido de mi vida y es menos complicado entablar una conversación.
He aprendido a tener paciencia y ese tiempo de espera lo invierto en actualizar mi estado, twitear algún pensamiento sin sentido, conversaciones abstractas, esperaría más, tanto así, que si me atienden rápido me mosqueo. Aunque los 5 segundos de anuncios previo a un video de Youtube sean los más largos de mi vida, ¡es una tortura en cámara lenta!
Mi cerebro ha desechado todo tipo de información inútil como: fechas, citas, números de teléfono, recetas, direcciones y alguna que otra cosa. 
En cuanto a mi madre, ya no me llama demasiado, ahora me wassapea. Un afluente interminable de mensajes que vuelca en mis bolsillos. 


Nicole Jaramillo